He estado pensando en mucho últimamente. Pronto entraré a la universidad, al mundo de los "soon-to-be adults", al lugar y tiempo en donde las excusas no valen nada y las responsabilidades y libertades se triplican. Nada en la vida me puede brindar más emoción que el pensar en que próximamente caminaré entre filósofos, estudiosos, y amantes del arte (aunque sin duda me toparé con uno que otro imbécil), y que posiblemente logre encontrar a muchas personas que puedan entender mi forma de ser. No es que no esté satisfecha con mis amigos actuales; todos son muy diferentes a mí, pero siempre he sido afin a personas con un buen oído y corazón, y con personalidades genuinas. Es por ésto que apesar de las diferencias, atesoro su amistad. Sin embargo, no importa cuán rodeada esté de personas, siempre siento el alma vacía, como si me faltara algo o alguien que complete mi existencia. Y quizás ésto sea normal, que andemos por la vida buscando ser aceptados, buscando a esa (o esas) personas que, observando con lupa a plena luz del día cada uno de nuestros defectos, nos extienda ambos brazos diciendo "así es que te quiero". Y entrando en el tema que me interesa, ésto es algo que también me trae mucha esperanza, el posiblemente encontrar a esa persona. No soy una amargada más que odia a los hombres por lo mucho sufrido en nombre de los bastardos, mas definitivamente me da pavor el exponer por completo quien en realidad soy por miedo a ser rechazada. ¿No es así que he sido decepcionada una y otra vez? Recuerdo en el séptimo grado, cuando le huía al amor de Fabián, por más que quería besarlo y abrazarlo, y por más que fallaran mis rodillas al escucharlo decir mi nombre, porque le tenía terror a los varones. Dos años más tarde se había cansado de esperarme. Después vino Sebastián, y así como llegó, se fue, pero antes se dio la tarea de destrozarme el corazón. Luego, en el undécimo grado, decidí dejar el temor atrás... así conocí a José, y así llegué a odiarlo. Ya en el grado doce decidí que era tiempo de hacer las cosas bien. Pensé que Carlos redimiría mis errores, que me devolvería mi inocencia perdida; fue así como lo puse en un pedestal y me olvidé a mí misma al pie de las escaleras. Nunca me quizo, sólo fui un juego de experiencia. Todavía siento su sabor amargo y nauseabundo en los labios. Sus palabras punzantes inquietan aún mi corazón...
Hace unas semanas me reencontré con un viejo amigo, Francisco. Eran tiempos de vacaciones, por lo que, siendo del mismo pueblo, logramos compartir en varias ocasiones. No puedo ignorar el hecho de que ambos nos sentimos muy cómodos el uno con el otro siendo como en realidad somos, y no puedo ignorar el hecho de que aún sigue enamorado de una rompecorazones. Estaremos estudiando en la misma universidad este próximo año escolar. ¿Me estará tocando de nuevo la puerta el amor, o será el desamor el invitado no deseado? Tal vez no sea mi tiempo para saberlo. Tal vez llegó hasta mi puerta el amor, pero nunca fue su intención entrar. O, tal vez pienso demasiado las cosas...
La Universidad es solo un paso más. Ahora, si los viejos amores atacan... uff. Eso sí que es difícil de ignorar.
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